Circea

El domingo, en el kilómetro catorce y pico, la carrera pasaba por la puerta de un restaurante con varios nombres, reales e imaginarios: Las Marinas, Casa Federico o El Tiburón, en la novela Son de mar de mi admirado Manuel Vicent.
El Tiburón es la taberna del puerto donde el marinero Quisquilla, paticorto y ancho con pecho de barril, lloraba sus aventuras sobre cualquier hombro a cambio de un chato de vino.
“¿Has comido aquí alguna vez Palillo?” me preguntó Ironman, experto en primera persona en los mejores restaurantes de la Marina Alta, “sí, pero preferiría pensar en otra cosa porque voy hambriento”, “se come bastante bien”, dijo para terminar la conversación antes de concentrarnos de nuevo en lo nuestro que era correr.
La taberna tenía un patio trasero con una mesa larga de mármol bajo un emparrado donde se servían comidas. También había allí un limonero, una pared con buganvillas y unas cuerdas de tender ropa, además de un perro y un gato que deambulaban entre las piernas de los clientes.
El escritor de Son de mar es un habitual de Hemeroscopeion aunque por aquello de la fabulación lo convierta en Circea, quizá sean demasiados nombres para un mismo pueblo pero me gusta la costumbre.
En el 99, mientras leía la novela tumbado a la bartola bajo la protectora sombra de cualquier palmera, supe qué taberna era la que describía ese pasaje, con el tiempo y la fama de sus fogones la taberna ha crecido transformándose en un coqueto restaurante donde comer todavía es un placer.
El lunes convencí a Pepi para degustar en El Tiburón un arroz caldoso de calamares y verduras, en una de las idas y venidas le pedí al camarero que confirmase mi novelada intuición, al poco apareció con Pepa Teresa, dueña y probable inspiración inicial del autor para el personaje de Martina según me dicta mi imaginación.
Desde ese momento constamos como afortunados poseedores de los secretos de la cocina local, Pepa nos regaló dos libros en valenciano con recetas de la abuela como premio a nuestro literario interés, “cuando salga el tercer volumen tendréis uno reservado”.
El limonero ya no está, la blanca pared exterior añade desde ayer una mancha roja al colorido de la buganvilla, es que llevado por la emoción aparqué el coche de oído, las cuerdas de tender ropa no son necesarias pero juraría que el perro y el gato deambularon entre nuestras piernas a la hora del café bombón.
Al protagonista le llamaban Cazalla en esa taberna porque no bebía más que leche o agua de Vichy con una de calamares, sin permiso del autor nosotros cambiamos un poco el guión, cerveza fría por el agua de burbujas, entrantes de sepia y chipirones por los calamares que reposaban en el arroz caldoso.
Al día siguiente de una carrera pueden hacerse muchas cosas, a mí se me ocurrió seguir al pie de la letra el buen consejo que me diera Ironman al pasar por la puerta de Casa Federico o Las Marinas o el Tiburón o como cada cual quiera.
Hoy he vuelto a correr con Fernando por el Retiro, una de las veces, al pasar veloces junto al estanque, me ha parecido escuchar una conversación marinera entre Quisquilla, marinero llorón, y Ulises, profesor de instituto:
- ... el patrón murió de la emoción
- ¿Era viejo?
- Unos cincuenta años tendría
De no haber llevado tanta prisa les hubiera invitado a unos chatos de vino.
El Tiburón es la taberna del puerto donde el marinero Quisquilla, paticorto y ancho con pecho de barril, lloraba sus aventuras sobre cualquier hombro a cambio de un chato de vino.
“¿Has comido aquí alguna vez Palillo?” me preguntó Ironman, experto en primera persona en los mejores restaurantes de la Marina Alta, “sí, pero preferiría pensar en otra cosa porque voy hambriento”, “se come bastante bien”, dijo para terminar la conversación antes de concentrarnos de nuevo en lo nuestro que era correr.
La taberna tenía un patio trasero con una mesa larga de mármol bajo un emparrado donde se servían comidas. También había allí un limonero, una pared con buganvillas y unas cuerdas de tender ropa, además de un perro y un gato que deambulaban entre las piernas de los clientes.
El escritor de Son de mar es un habitual de Hemeroscopeion aunque por aquello de la fabulación lo convierta en Circea, quizá sean demasiados nombres para un mismo pueblo pero me gusta la costumbre.
En el 99, mientras leía la novela tumbado a la bartola bajo la protectora sombra de cualquier palmera, supe qué taberna era la que describía ese pasaje, con el tiempo y la fama de sus fogones la taberna ha crecido transformándose en un coqueto restaurante donde comer todavía es un placer.
El lunes convencí a Pepi para degustar en El Tiburón un arroz caldoso de calamares y verduras, en una de las idas y venidas le pedí al camarero que confirmase mi novelada intuición, al poco apareció con Pepa Teresa, dueña y probable inspiración inicial del autor para el personaje de Martina según me dicta mi imaginación.
Desde ese momento constamos como afortunados poseedores de los secretos de la cocina local, Pepa nos regaló dos libros en valenciano con recetas de la abuela como premio a nuestro literario interés, “cuando salga el tercer volumen tendréis uno reservado”.
El limonero ya no está, la blanca pared exterior añade desde ayer una mancha roja al colorido de la buganvilla, es que llevado por la emoción aparqué el coche de oído, las cuerdas de tender ropa no son necesarias pero juraría que el perro y el gato deambularon entre nuestras piernas a la hora del café bombón.
Al protagonista le llamaban Cazalla en esa taberna porque no bebía más que leche o agua de Vichy con una de calamares, sin permiso del autor nosotros cambiamos un poco el guión, cerveza fría por el agua de burbujas, entrantes de sepia y chipirones por los calamares que reposaban en el arroz caldoso.
Al día siguiente de una carrera pueden hacerse muchas cosas, a mí se me ocurrió seguir al pie de la letra el buen consejo que me diera Ironman al pasar por la puerta de Casa Federico o Las Marinas o el Tiburón o como cada cual quiera.
Hoy he vuelto a correr con Fernando por el Retiro, una de las veces, al pasar veloces junto al estanque, me ha parecido escuchar una conversación marinera entre Quisquilla, marinero llorón, y Ulises, profesor de instituto:
- ... el patrón murió de la emoción
- ¿Era viejo?
- Unos cincuenta años tendría
De no haber llevado tanta prisa les hubiera invitado a unos chatos de vino.
- Hola, soy Santi Palillo
- ¿El veterano corredor del montón anticipadamente desvinculado?
- El mismo
*




16 Comments:
Veo que por donde vas te van regalando libros :-)
Yo de tú, haría en mi casa una biblioteca de libros específicos de los lugares de tus carreras.
Saludos.
Y a mi que me suena el puesto ese de la foto, solo que yo lo veo desde la otra perspectiva, bueno lo veré a partir de pasado mañana. Es curioso pero en la playa de Els Molins hay uno igualito ;-). Emil.
pepitogrillo dice: que literario eres, que bonito lo que escribistes, pero y las fotos para cuando esas fotos, después de la paliza que le distes a tu pepi para que las hiciera bien, con solo una clase de un minuto, la pobre se las vio y se las deseo. Ironman las está esperando. Queremos ver las fotos, ya.... desagradecido.
Desde aquí mi agradecimiento a los grandes anfitriones de la marina alta, ellos saben por qué ;-)
estos ultimos post tuyos me hacen acordar a una pelicula sobre Pablo Neruda que vi, los paisajes me los imagino asi, aunque no creo que haya sido el mismo lugar para nada...
PD: y yo desde hace unos das que no entedía porque tenía tantas entradas a mi blog desde la pagina de " carreras populares" y encima desde la pagina de Felipem. Pensaba que habíamos quedado entrelazados mediante un hechizo por mencionarlo tanto... veía el artículo y no encontraba el nexo... hasta que finalmente se hizo la luz!!!! y entendí todo, jaja
un beso Santi!
Buena idea Jesús pero entonces tendría pocos libros ;-)
¿La punta del Molins?, me suena el accidente geográfico, volveremos a vernos allí dentro de nada.
Vale Pepi, esta misma tarde colgaré las fotos, y eso que casi no me sacas en ninguna ;-)
Ana ¿podría ser El cartero de Neruda, de Antonio Skármeta?, el parecido del paisaje puede deberse a que se rodó en las Islas Eólicas en pleno Mar Tirreno, muy cerca de Sicilia
(http://es.wikipedia.org/wiki/Islas_Eolias), mediterráneo al fin y al cabo.
Lo de Felipem... sabía yo que recibirías muchas visitas ;-)
Ana mira algo sobre Hemeroscopeion para que te hagas una idea
http://es.wikipedia.org/wiki/Denia
debe ser esa pelicula, porque me salia algo de cartero cuando trataba de recordar exactamente el nombre.... entonces había un porque a "mis imagenes" y tus relatos...
Hola Palillo, muy buenas. Buen garito el Federico, muy buen libro el Son de Mar, especialmente para los que conocemos -y amamos- esos rincones. Por cierto, si no lo conoces, no dejes de buscar y leer "Comer y beber a mi manera", también de Vicent. Te encantará.
Pepi, se agradecen los cumplidos, no por inmerecidos se dejan de valorar. Estad atentos al Viernes Santo, las langostas están ya nerviosas, algo han debido oir.
Ilusionados saludos.
santi , bonita historia,
que es eso que se vé en la foto?
Aún, a veces, una imagen vale más que mil palabras, así que apoyo a Pepi...esas fotos a la voz de ¡ya!, jejejeje.
Creo que se de que sensaciones hablas cuando lees un libro en el que se refieren lugares conocidos o familiares, aunque sean bajo otros nombres. A mi me pasa con algunos libros de Eslava Galán como Catedral o Guadalquivir.
Pepo ayer mismo lo estuve buscando en una librería, esta tarde me haré con ese libro para leerlo en estos días, acabo de terminar Travesuras de la niña mala de Vargas Llosa y me ha gustado mucho, además sale Lavapiés ;-)
Rivendel se trata de una torreta de vigilancia playera en la punta de Els Molins (Dénia), hice la foto desde muy lejos para probar el zoom, al llegar a la playa todos miramos hacia allí porque es donde ponen las banderas para indicar el estado del mar.
Al final no colgué las fotos Neke, a ver si puedo hacerlo hoy porque ahora mismo salgo a entrenar.
Manuel Vicent suele referirse a Dénia en muchos de sus escritos, a veces le vemos sentado en el Helios con sus amistades.
Hola Santi, muy buenas. Vicent era muy amigo de mis suegros, en casa ha estado decenas de veces.
Como anécdota divertida y curiosa, hace algunos años participó activamente, sí, Vicent, él, en una becerrada en la placita de Ondara, joyita que, por cierto, aprovecho para comentar que inauguró mi padre.
El cartel, con novilletes de Sancho Dávila lo compusieron:
Rafaelillo de la Moya (D. Rafael Cañamás, q.e.p.d.)
EL GORRAPEGÁ (Manuel Vicent)
Algarrobo Chico (mi suegro, Pepito Soler, a quien conoces).
El Niño de la Boya (D. Antonio Gadea).
Si vienes el Viernes Santo a lo de las langostas Pepito te puede contar anécdotas de Vicent para dar, vender y regalar. Taurinas, políticas, nauticas, che, variaditas.
Anda que no te lo montas tú bien! y eso que te habrá llovido de lo lindo, que sino, tela...corres 21kms y comes 21 platos de restaurante en restaurante.
Genial Manuel Vicent y más aún esa semi-casualidad tan grata.
Besitos.
Menudo cuarteto Pepo, tuvieron que pasarselo mal ;-)
Sobre las langostas, ja parlarem!
¡Ay Sylvie!, si yo te contara... y corriendo con esa gente que quién no sabe una cosa sabe otra, ¡demasié!.
qué bonito este post!!!
Gracias Merak, ¿recuperado de Roma?.
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